martes, 27 de abril de 2010

PROBLEMÁTICA GEOHISTÓRICA. RAMÓN TOVAR

PROBLEMÁTICA GEOHISTÓRICA

Por: Ramón A. Tovar L.

Admitido que el hombre sea el ultimo mamífero superior en hacer su presencia sobre la superficie de la tierra, obliga a reconocer que le antecede un dilatado proceso estimado en más de 2.000 millones, mientras que el “hombre moderno” Apenas si abarca de 200.000 a 150.000 años; un diezmilésimo del total terrestre y tres escasos del conjunto de los seres vivos.

No obstante en tan pequeña etapa, cuantas transformaciones por el mismo producidas!. Lo advirtió ya Sófocles en el siglo V antes de Cristo: son muchas las formas de vida, extrañas y maravillosas, pero ninguna mas extraña y maravillosa que el hombre; es el quien se traslada llevado por el viento a través de las olas que braman en derredor, quien a la tierra incorruptible e incansable, esquilma con el arado; quien a las aves captura con sus redes así como el de dar leyes a la cuidad; a la par que evita las molestias de la lluvia y del invierno.

Ha construido su propio mundo en necesaria contradicción con la naturaleza. Nace así una nueva dinámica en la totalidad planetaria.

Hasta el penúltimo interglacial cuaternario un orden natural, síntesis de lo “inerte” y lo “vivo”, surgido este a expensas del primero, era lo dominante; con el” hombre moderno” arraiga el imperio de una nueva neodinámica; el dominio natural cede ante un nuevo espacio derivado del orden antrópico. Si en el nuevo mundo natural “descubrimos”, en el antropico o cultural inventamos, concebimos, creamos, sin que por ello no procedamos, concebimos, creamos, sin que por ello no procedamos también a descubrir en el mismo. En lo “natural” privan las leyes de un proceso acabado, en oposición al cultural, campo siempre abierto, antológicamente dispuesto al cambio, donde radica su potencia. Frente a ambos introducimos “las formas”, producto de la intelección o diagnosis. Creamos así “nuestro conocimiento” , nuestra principal arma, que alcanzo su más reciente expresión en “en lo científico”. Reproduce la acción de sus gestores e inevitablemente se definen posiciones. Para nosotros no hay solución de continuidad entre la respuesta ingenua que poblara al entorno de dioses y la que se tenga por la mas avanzada de nuestros días; todas se rigen por la misma filosofía del pensamiento. Somos fieles al postulado goetiano “Saber, pensar que se sabe; quien seria capaz de dar el verdadero nombre a las cosa”; acá ha estado y estará el reto. Frente al mismo se elevan las naturales posiciones; la de los que se rinden, se repliegan, y la de los que entendemos al conocimiento científico, muy en especial al social, como avanzada sin receso, estructurada por aproximaciones cada vez más afinadas. Los congéneres del tercer milenio cuentan con el arsenal de una cultura científico-humanística que en su dialogo con la realidad terminará por imponerle lo mejor de sus dictados; en este clima se encamina la concepción geohistórica.

II

La Geohistoria rescata la problemática fundamental de la Geografía que se sintetizara a fines del siglo XIX en Francia; la cual tiene sus raíces en la advertencia griega que arriba señalaremos; la que aspira explicar al espacio concebido, creado por los grupos humanos, garantía de su conservación y reproducción ceñido a determinaciones históricas dadas. Incorpora la concepción que integra las dos disciplinas en fructífera simbiosis: la historia es la Geografía en el tiempo mientras que la Geografía es la Historia en el espacio; y no podría ser de otra manera porque su especificidad emana del Hombre.
¿Cómo es ese Hombre? el que nos descubre la Historia y robustece la Geografía. Su presencia en la totalidad planetaria es de apenas 150.000 años, de éstos, nueve décimos se contraen al dominio de la actividad depredadora: Cazador-Recolector. Sólo productora de alimentos, ha promovido el crecimiento exponencial que conocemos y en las últimas tres centurias ha incubado los cambios que nos han conducido a la situación actual, preñada de apremiantes interrogaciones que solicitarán necesariamente, la asistencia del tratamiento neohistórico.
El espacio histórico es un producto de la energía humana. ¿Dónde, la fuente de tal energía?; “mucho más que Homo Sapiens apunta Henri Beer-el hombre en sus orígenes es Homo Faber, y continúa siendo Homo Faber” .

Asociado con los retos de los primeros homínidos se encuentran “instrumentos artificiales”. Paul Lacombe, en la obra que no pudo finalizar, sustraído por la muerte, asentó en su “Diario” que no dudaba del hecho que “en la historia de la técnica, cadena continua de la historia general, la masa, la plebe, juega un papel capital. (No considera si) la historia de la técnica (sea) la historia universal, pero sí, con toda seguridad (es) la más universal de las historias, puesto que el hombre de todas las edades ha sido preferentemente un obrero”.

Un pensador de principios de este siglo, L. Weber, significaba como “Las diversas herramientas manuales, las primeras máquinas elementales, las industrias de primera necesidad, hilado, tejido, cerámica, metalurgia, el transporte y la navegación, la utilización de los domésticos, las plantas agrícolas, la construcción en piedra, todas estas adquisiciones”. Son el patrimonio de la Prehistoria.

El hombre se ha construido su propia morada; constituida por un “sintético complejo” o integridad que identificamos como el sistema del equilibrio Sociedad-Naturaleza; sistema que ha experimentado no pocas crisis y en la más grave; sus alteraciones se elevan en preocupantes amenazas, la más difundida es el conocido “efecto invernadero”, un aumento progresivo del calendario terrestre, atribuible al crecimiento del anhídrido carbónico atmosférico, generado por la expansión de la gran industria, sus megalópolis y la intervención irracional e irrefrenable de las superficies vegetales. Presencia evidente del factor antrópico y sus efectos no deseados. ¿Podrá la armadura científica, sin el apoyo político, reconducir esta contradicción?.

La anatomía del hombre es la clave explicativa de la anatomía del mono, no lo contrario. El presente geohistórico es una sucesión integrada de presentes. Estamos emplazados a proceder a profundas y detenidas revisiones que nos ayuden a liberar nuestro pensamiento de mitos y ataduras que nos impiden comprender con propiedad la verdadera realidad. El trayecto que los grupos humanos han inscrito con su acción sobre la superficie terrestre, objetiva situaciones aleccionadoras, que podemos calificar de “laboratorio”, propia de la geodinámica que las informa. De conjunto se perfilan dos grandes momentos geohistóricos; uno dónde las determinaciones naturales privan sobre las socio-históricas; y el opuesto, dónde se invierte la educación: las determinaciones antrópicas, histórico-culturales, privan sobre las naturales; ambos momentos expresión de las condiciones históricas dadas”, explicación a su vez de los niveles de civilización.

III

El especio geohistórico, garantía de la permanencia de la especie, sobre la superficie terrestre, ha tenido la misión primordial histórica, de cuidar por la subsistencia de los grupos humanos. En nuestros días, otra contradicción no menos preocupante no asedia. Cuando hemos alcanzado los más altos niveles de productividad del trabajo y en consecuencia económica, asistimos a la más extendida y alta proporción de pobreza. Situación que obliga a la revisión y análisis geohistórico, apoyo del consecuente diagnóstico-pronóstico. Hemos afirmado que esta civilización tomó el camino de su desaparición si no median las intervenciones idóneas que lo eviten, está gravada por una contradicción crucial que solicita el tratamiento geohistórico; la mina su propia tecnología que no genera empleo. De allí que las taras sociales específicas de los países calificados como dependientes, subdesarrollados o atrasados, se han entronizado, con tendencias crecientes, en los grandes centros de poder metropolitano: el desempleo, la pobreza y el hambre que han promovido a su vez, el socorro o asistencia social tanto público como privado.

El 20 por ciento de los países más ricos concentra el 85 por ciento del producto mundial contra el 20 por ciento de los países más pobres que apenas si participan con el 1,40 % por el mismo concepto.

Uno de cada siete habitantes de la Tierra pasa hambre, equivalente a unos 800 millones de seres. En Alemania un alemán de cada 20 ocurre a la ayuda social; en Francia el desempleo no declina; en Inglaterra los desempleados alcanzan el 10 por ciento de la población activa, unos 2. 800.000 efectivos; en Estados Unidos de Norteamérica, la clase media pierde confianza en el sistema, en los aeropuertos, andenes de ferrocarriles y metro, se observan sin dificultad los signos del abandono social; la situación “ghetto” gana terreno; un quinto de los más pobres vio reducido su ingreso en más de un sexto, en cambio el quinto más rico experimentó un aumento del 18 por ciento. El uno por ciento de la familias más ricas de esa nación, en el período de Reagan, acrecentó su ingreso en un 50 por ciento.

IV

A la luz de lo que se vive, hemos entrado en el ámbito de nuevas condiciones históricas. La estructura del espacio geohistórico mundial con la desestructuración del estado soviético, tiende a la regionalización, asume el cariz de bloques continentales donde el factor político ha sido desplazado por el factor económico que nulifica al estado frente a la empresa; “todos los poderes para el mercado”.

Tres bloques se precisan en este nuevo espacio: el asiático, el europeo y el de la gran América. En los mismos cohabitan países ricos y países pobres; éstos facilitan la “deslocalización” y proporcionan tanto mano de obra barata como materias primas.

Un hecho muy significativo es la permutación operada por los Estados Unidos con un repliegue donde se desentienden prácticamente de Europa. Un giro hacia el Oeste a lo largo de un eje Oregón-Mississippi. Visto desde Seatle, Denver o Los Ángeles, Londres vales menos que Tokio, Berlín que México y París que Brasilia.

En Europa sin coincidencia entre lo económico, lo político y lo estratégico, la potencia en expansión es Alemania que retoma su antiguo hintereland ajustado a los territorios del Sacro Imperio Germano-Católico. La dirección hacia Turquía a través de Austria, Hungría y Rumania; campo para la “deslocalización” de las grandes firmas con fábricas ultramodernas que se apoyan en los bajos salarios, equivalentes a un décimo del promedio reinante en la República Federal.

En Asia es China la que se inscribe como gran potencia, incorporada a la economía de mercado. Se la responsabiliza en desencadenar la crisis del Sureste Asiático, al invadirlo con sus productos más baratos; ha puesto a nivel de quiebras un territorio donde el 50 por ciento de las inversiones son japonesas. China es la gran interrogante; si el siglo XIX se apoyo en Europa con núcleo en Inglaterra, el XX en Estados Unidos, en el próximo milenio el centro neurálgico del mundo estará en Asia. Nuevas reorganizaciones nos esperan.

Si la civilización contemporánea está amenazada de “imposibles”, su espacio registra la presencia de “permutaciones”.

La censura del frente político-fronterizo Unión Soviética-Europa Occidental, abrió libre paso al mercado unido a su ideología neoliberal.

Las comunicaciones con el añadido cibernético han minimizado el “efecto tiempo” y facilitado la globalización. Se pretende exagerar la magnitud del camino al descontextualizarlo de la mundialización. Bien sabido que esta última arranca en el siglo XVI con la salida de Europa de sus límites ortodoxos, y se impusiera hasta el presente con la internacionalización de la economía mundo y su histórica colonización, apropiación por la fuerza del territorio de otras colectividades localizadas en el resto de los continentes. En este espacio actual, no son los gobiernos metropolitanos los que dictan la coherencia económica, ese papel corresponde a las empresas transnacionales, extendidas por el planeta, sin otro compromiso que con ellas mismas por la 2deslocalización” asociadas a su correspondiente gemela de las “bolsas financieras”.

El mercado financiero define a la globalización; los expertos lo consideran muy frágil, inestable y proclive a riesgos incontrolables. Los casos ya conocidos evidencian lo afirmado; la más reciente crisis, la asiática, lo confirma. Navegamos en la inseguridad, la incertidumbre. La mundialización globalizada, divorciada del control político, conduce a al anarquía cuyas consecuencias no es difícil predecir; ya lo advirtió en su tiempo el Prof. Alfred Sauvy. El reordenamiento espontáneo por el juego del mercado es una ficción. La inseguridad ha estimulado las funciones de los grandes consorcios; si eran pocos y determinantes por la acentuada división de trabajo, ahora serán mucho menos y por su ideología, reñida con lo social, el mundo en que vivimos marcha a convertirse en un prisionero de despreciables guarismos; el lenguaje es por demás conocido: nada de subvenciones, nada de ayuda social, nada de intervención del Estado, absoluta privatización. dominio indiscriminado de los oligopolios.

Los débiles estamos emplazados a comprendernos e instruir nuestras defensa. Sabemos dónde estamos, debemos reforzar el conocimiento de “quienes somos”. Se reactualiza el mensaje de Píndaro en “Loor a los antepasados”; la respuesta tiene que surgir de nuestro propio ser; la sentencia de Cicerón retoma nuevos bríos: historia, maestra de la vida, mensajera de la antigüedad. Se impone invitar a la misma mesa a nuestros indiscutibles Rodríguez, Rubén Darío, y todos los que por centurias nos han advertido acerca de nuestro ser, nuestra razón de pueblo, nuestra nacionalidad. Mantener siempre viva, como una maldición, el reclamo de Gabriela Mistal: nos hemos conducido como extranjeros en nuestro propio suelo; apropiaros de la enseñanza de Martí: lo que queda de aldea en América ha de desaparecer; nuestra Atenas antes que la otra Atenas; el grito de Darío en la Oda a Teodoro Rosselvelt: un pueblo que ama, habla y reza en español; abrevar sin receso, en Bolívar: el soldado bizoño lo cree todo perdido, cuando es derrotado la primera vez porque la experiencia no le ha probado que la voluntad, la constancia y la paciencia corrigen la mala fortuna, y no olvidar jamás su alerta cuando analizara la causas de la pérdida de la Primera República: los códigos que consultaban nuestros magistrados no eran los que podía enseñarles la ciencia práctica del gobierno, sino los que han formado ciertos buenos visionarios que imaginándose repúblicas áreas han procurado alcanzar la perfección política, presuponiendo la perfectibilidad del linaje humano.

La Geohistoria es una ciencia que diagnostica pero que supone compromisos: ella es fiel a la concepción de pueblo como la solidaridad del grupo humano con su territorio, así como la de nación: una comunidad estable, históricamente formada de lengua, territorio, vida económica y psicología, manifestada en la comunidad de su cultura.
Deberá ser ésta la fuente que nos ilumine y nos libere de préstamos no deseados cuando dictemos nuestras propias “formas”. Hemos entrado en nuevas condiciones históricas que han desactualizado muchos paradigmas. No esperemos consejos de quienes no quieren que seamos librea; ellos podrán ser poderosos pero débiles por ser minoría. Nuestras reservas espirituales son inagotables de primera. Saludemos la maestría en educación, mención enseñanza de la Geohistoria. Defendamos con coraje nuestra Universidad Pedagógica Experimental Libertador, continuidad del Instituto Pedagógico Nacional que revolucionó la educación media en nuestro país.

Rescatemos nuestros valores nacionales y regionales como sus justos paradigmas. No olvidade el alerta de nuestro Libertador: “un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”…”; seamos fieles a nuestro Himno: “Educar, Educar, Educar”,

Maturín, 13 de febrero de 1998.

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