lunes, 2 de noviembre de 2009

LECTURA DE LA REALIDAD.

LA LECTURA DE LA REALIDAD… UN HACHAZO PARA IR ENTERRANDO LA PROPUESTA COLONIALISTA DE ACCESO AL CONOCIMIENTO

Cuando uno lee los lineamientos para la Biblioteca y el Ministerio de Cultura, encuentra nuevamente el énfasis en el libro y en lo virtual, o sea, promover la lectura fundamentalmente de la escritura individual, en momentos en que este proceso se está planteando seriamente ir al conocimiento social acumulado, convertirlo en inteligencia colectiva para construir desde lo propio.
Vimos, hace poco, a un promotor de lectura diciendo que los jóvenes no leen, no tienen hábito de lectura y escritura mientras, en la sala, un número importante de ellos chateaba con desenfreno sabroso.
Se comienza a develar que el problema de fondo es la necesidad de comunicarse en lo individual y en el proyecto político de reconocimiento colectivo, en la necesidad de metodología y herramientas para el debate permanente en cada comunidad para aprender a construir en conjunto sobreponiendo lo individual.
Desde el principio, la institucionalidad (escuela, biblioteca, la cultura oficializada) asumió el mandato colonialista de exterminar las lenguas nativas y subestimar el conocimiento social traspasado fundamentalmente desde lo procedimental y la palabra compartida (oralidad) e imponer, desde una escuela conceptualista de lo universal, el conocimiento y la ideología dominante en detrimento del aporte amerindio.
Por eso la prioridad del colonialista siempre fue unificar la lengua (se piensa en lengua) y vendernos que casi la única fuente de acceder al conocimiento era leyendo y escribiendo. Promover su lectura.
Propusimos, hace 12 años, en la preparación de 4 encuentros regionales de niños usuarios de la biblioteca el término lectura de la realidad, para denotar que un niño que es apoyado por facilitadotes (maestros, promotores socioculturales, bibliotecarios) a investigar su entorno para saber de su sitio, de su gastronomía, la toponimia, la historia colectiva, costumbres, narraciones, en fin, para que cuando iba a intercambiar en otro sitio pudiera decir quién es (el ser) y desde esa apropiación sienta su identidad al referenciarse con los otros (convivir) para encontrar similitudes y diferencias desde lo suyo. Para esa apropiación el niño leía con todos los sentidos, a olfatear la hechura de un buen sancocho o el olor de sus especies de flora, a saborear tanto ese sancocho como sus frutas, a ver, mirar y disfrutar con afecto su paisaje, lo pequeño, cuando distingue texturas con toda su piel, cuando desde la oralidad oyó testimonios, narraciones , cuentos, retahílas, con todos los tonos propios, cuando la palabra es compañera de la gestualidad y se lee su variadísimo significado; vimos, corroboramos que luego se usaba la escritura para plasmar lo aprendido, sobre todo se escribía cuando desde la oralidad cada niño hablaba dando su visión (autoevaluación), luego el facilitador propiciaba en colectivo acuerdos y desacuerdos (coevaluación) y allí aparece la escritura como evidencia de esa construcción previa para ir a corroborarla con el conocimiento universal (heteroevaluación).
Comprobamos entonces que, cuando el niño lleva hipótesis previa, va a lo conceptualizado en lo escrito u oral para referenciarse, ampliar ese conocimiento o conocer otro con mucha más emoción y voluntad propia (la lectura individual siempre deberá tener esa ansia de aprender, propia del niño)
Porqué entonces seguir privilegiando que es la lectura de libros la fuente fundamental de conocimiento, sobre todo en una escuela, una biblioteca, una institucionalidad cultural que no ha propiciado la sistematización de lo propio, no en archivos de la palabra que nunca se devolvieron, sino en propiciar metodología y herramientas para leer lo propio (la idea de lo endógeno) desde la realidad de cada conglomerado, para que la construcción de los “consejos comunales” recién promulgados, no se vayan en la elección de los voceros, propio de la sociedad representativa, sin antes haber fortalecido las instancias de la democratización del conocimiento social, la información para la toma de decisiones y el intercambio colectivo permanente como forma efectiva de contraloría social.
El Calendario Productivo ha propiciado como metodología y herramienta, la lectura de la realidad local, la construcción del currículum propio, el mapa local para referenciarse en lo universal, la toponimia y etnonimia como forma de valorar la historia colectiva y no el individualismo de sobresalientes solitarios, próceres, cronistas de los principales, la investigación y el traspaso de la producción como fuente y reinversión cultural que poco reconocen los promotores de arte y artistas de espectáculo y espectadores. Hemos promovido todas las modalidades de acceder al conocimiento acumulado, no solo para investigar, sino para recibir todas las formas como este pueblo se expresa con todo lo que el ser humano ha acumulado como forma de traspasar con responsabilidad lo que acuña como memoria colectiva, con el celo y la maña de cada quien. Vamos a leer cada realidad para ir tejiendo el camino desde los niños, fortaleciéndolos en lo propio ahora que la cultura es una misión y que la escuela está comenzando a usar el conocimiento de la comunidad para luego ir a lo universal. Sería también bueno, que las bibliotecas se pongan a tono para no seguir promoviendo solo la lectura de libros, mientras la palabra hace silencio.





Por el Equipo Nacional de Calendario Productivo
Livio Rangel.

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